Enviar artículo por email
Imprimir artículo
Cerrar ventana
Fecha: 13-01-2006
Autor: José María García Gómez
Organización: Secretario Ejecutivo Presidencia PP Rivas-Vaciamad Sección: Opinion
 
A proposito de la ESPIRAL

 

A PROPÓSITO DE LA “ESPIRAL”, O COMO QUIERAN BAUTIZARLO

 

 

Entre los vecinos ha crecido con intensidad el debate a cerca de la naturaleza y necesidad del monumento “representativo” que está realizando el gobierno local a la entrada de las urbanizaciones. Existen diferentes posturas: unos que creen que es un exceso tanto en sus dimensiones como en su coste; otros que entienden que en el municipio otras inversiones o servicios serían prioritarios; aquéllos que opinan que, además, de las consideraciones estéticas se ha perdido la oportunidad de realizar una infraestructura de tráfico en condiciones (no hay salida a Madrid desde el Polígono, la salida por la Avenida de los Almendros ocupa un único carril, etc.); y, finalmente, los menos, creen que dicho monumento será un emblema de la ciudad y que hará pasar a la posteridad a algún Alcalde.

 

Es un debate en el que creo que debemos participar todos los vecinos, sin caer en falsas demagogias ni sectarismos caducos. Una ciudad, como ya es Rivas-Vaciamadrid, debe expresar al exterior una imagen de lo que es y de lo que pretende ser, motivo por el cual es imprescindible que haya elementos urbanos que la identifiquen y la doten de una imagen externa. En este sentido, siempre he defendido que los accesos a nuestra cuidad deberían contar con hitos que reflejaran este espíritu emprendedor y modernista de nuestra ciudad, paradigma del crecimiento, consistentes en grandes jardines abiertos, las señas de identidad de la ciudad, monumentos, fuentes, etc… Pues bien, hasta la fecha no ha existido uniformidad ni criterio a este respecto: los hitos de referencia eran en las urbanizaciones una multinacional de comida rápida y una petrolera, permitidos y alentados por el gobierno municipal, y en Rivas Centro el gran centro comercial. Sólo se “salva”, el Casco con una fuente ornamental en la rotonda de acceso. Con estos antecedentes sí era necesario ofrecer unas nuevas referencias significativas en el acceso a las urbanizaciones, pero haciendo partícipes a los vecinos.

 

En este punto, es conveniente recordar y recordarle al Concejal de Hacienda, hombre de frágil memoria o memoria selectiva, en este caso, que sí existió una propuesta en firme de un empresario -que en ese momento también era Concejal-, Omar Cuadrado, de ofrecer al Ayuntamiento una escultura consistente en una gran paloma de la paz, oferta realizada ante la Junta de Portavoces del Ayuntamiento del que usted formaba parte y que sólo obligaba al Ayuntamiento a realizar la obra civil que, en aquel entonces, año 2002, estaba valorada en algo menos de 20 millones de pesetas. No sé si hubiera habido mejores ofertas, no sé si el criterio estético sería coincidente con el de los vecinos, pero desde luego y a tenor de lo que nos costará el actual monumento hubiera significado un importante ahorro para todos los vecinos.

 

Respecto del aspecto económico sí debo realizar una reflexión sobre la siguiente afirmación del Concejal de Hacienda: “el coste específico de La Espiral tendrá un presupuesto de ejecución por contrata de 1,123 millones de euros, que no proceden de la recaudación correspondiente a los impuestos municipales, sino de las plusvalías que genera para las arcas públicas, la gestión del patrimonio”. ¿Qué nos quiere decir con ello el administrador de nuestros dineros?: ¿que no nos cuesta nada? Este tipo de afirmaciones reflejan una forma de gestionar y una doctrina a cerca de la gestión del patrimonio de todos los vecinos a la que nos tiene acostumbrados este gobierno desde hace más de tres lustros. Decir que se generan plusvalías patrimoniales –eso es relativo, se genera nuevo patrimonio- y que por ello se pueden gastar a manos llenas en cualquier cosa, es sostener que podemos liquidar todo el patrimonio del Ayuntamiento para cualquier ocurrencia puntual, sin tener en cuenta las necesidades imperiosas de servicios (sin entrar en demagogias de sustituir la espiral por cinco ambulancias) y, sobre todo, de infraestructuras de la ciudad, que son las que finalmente generan las condiciones para nuevos desarrollos, creación de empleo y, en consecuencia, nuevos recursos. Además, se plantea sin tener en cuenta a los futuros habitantes y gestores de la ciudad. No es esta una cuestión baladí, el patrimonio municipal no es ilimitado, se acabará, y a este ritmo más pronto que tarde; y si no se ha reinvertido en nuevo patrimonio y no se ha realizado una gestión racional de los servicios públicos nos encontraremos una estructura municipal deficitaria que se verá incapaz de sostener los servicios y, lo que es más preocupante, el mantenimiento de la propia ciudad.

 

Con esta reflexión pretendo hacer ver que las actuaciones de nuestro gobierno municipal no nos son inocuas, nos afectan, y no se debe hurtar el debate a los vecinos, mas si cabe cuando algunos se presentan como adalides de la participación.